viernes, 23 de septiembre de 2016

LOS ÚLTIMOS PASOS DE LAS FARC, COMO GRUPO ARMADO, EN LA REGIÓN DE URABÁ. Primera parte.


LOS ÚLTIMOS PASOS DE LAS FARC, COMO GRUPO ARMADO, EN LA REGIÓN DE URABÁ. Primera parte.  

Reportaje exclusivo de Canal 3 sistema en línea.
Por: Luis Carlos Pulgarín Ceballos.
Fotos: Luis Carlos Pulgarín Ceballos y Luisa Fernanda Vargas (Canal 3).

Con gratitud entera a DESCOLPAZ y Corporación Claudicantes.


A lo lejos, se ve el imponente cerro Care Perro, apetecido por las multinacionales dado que se presume es una montaña de coltán –el denominado oro negro del futuro-, como guardián permanente de este encuentro. Hemos bordeado la cuenca del río Atrato para luego navegar por el río Murindó, uno de sus afluentes. Es lunes y hemos llegado hasta los límites el Chocó con Antioquia, pasando por Belén de Bajirá, municipio que se disputan entre estos dos departamentos y que, a decir de algunos habitantes, debería ser titulado al departamento de Antioquia, pues “mientras Bajirá siga infestado de paramilitares, eso es paisa, si se lo dejan al Chocó que nos lo dejen limpio de paras” refiriéndose a la visible presencia de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, asentadas en este territorio que es paso obligado hacia el caserío de Brisas (en Carmen del Darién, Chocó), lugar donde se toma la panga para viajar por la única vía de transporte que nos lleva hacía Murindó y otros lugares del denominado Urabá antioqueño y chocoano: la cuenca del Río Atrato, territorio de tradicional presencia de las FARC-EP, con quienes en el marco de un proceso de pedagogía de paz desarrollado en la región, hemos acordado un encuentro.


                                    En paredes y esquinas se anuncia la presencia de las AGC, con pintas delimitan su territorio.

Dan los últimos pasos como combatientes armados, por estos territorios donde han sembrado –durante décadas-, sus arraigos revolucionarios, son hijos de esta tierra a donde piensan regresar una vez se cumplan todos los protocolos del desarme, protocolos que muchos aún no entienden o vislumbran con gran incertidumbre. 

Mi primer encuentro se da con una misión del Frente 34, una docena de combatientes, hombres y mujeres muy jóvenes, liderados por el Comandante Jimmy, un hombre sencillo con gran ascendencia campesina, de tez trigueña, tal vez quemada por la inclemencia del sol;  delgado, de unos 1,70 de altura, con una barba de una semana sin rasurar. 

Ya no están campamentados, es decir, en los rigores del campamento improvisado donde están alertas, a la espera del combate o de la marcha permanente por las montañas o para ubicar al enemigo o por el contrario para rehuirlo.  A primera vista son muchachos y muchachas de vereda, uno diría que es un grupo de estudiantes que regresa del colegio de vereda si no fuera por los grandes morrales y las armas que aún cargan a sus espaldas, aunque ya no están obligados a portar uniforme, vienen de civil, afirman que les han dicho que sólo volverán a usar uniforme de las FARC el día en que entren a las zonas y campamentos de concentración de la guerrillerada para empezar el proceso gradual de desarme.

Horas después llegará otro grupo, esta vez unos 25 hombres más, y dos comandantes de Frente; se van reuniendo para organizar el Pleno Regional con miras a la Décima Conferencia de las FARC. Esta es su misión, recoger la guerrillerada de la región, incluso los milicianos, para reunirse con los frentes 5, 57 y 58, con los cuales se trabajaran y unificarán los lineamientos ideológicos que como Frentes de las FARC en Urabá llevarán a la X Conferencia de las FARC en el Yarí, en Caquetá, muy cerca de la zona del Caguán, sede de los frustrados diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana en el año 2000.

Se muestran relajados, muy efusivos con la visita de quienes recién llegamos al territorio, contentos de poder compartir sin los temores del inminente combate, esperanzados cuando se les habla de la paz y del destierro de la guerra. Poco a poco se acomodan en la caseta donde se da el encuentro.  Se despojan de las armas, las van dejando por allí, regadas, en los rincones, en las improvisadas bancas de madera, contra las esquinas; descansan del peso de morrales y armas y se disgregan a asumir las tareas que ya les han asignado, o simplemente a conversar y fumarse un cigarrillo, si no tienen funciones asignadas. En la noche, después de formar, se distribuirán nuevas tareas y se rotarán la guardia que, aunque ya no es tan estricta como en tiempos de combates, aún no deja de ser una gran responsabilidad  a cumplir durante toda la noche.


 La cotidianidad guerrillera en tiempos de tránsito hacia la paz.

Son las 5 de la mañana, empieza a clarear el día, desde mucho antes de que descollara la madrugada se han empezado a escuchar las voces de la guerrillerada ya despierta. 

El ranchero está levantado desde muy temprano haciendo “los tragos”, es decir, el primer café de la mañana. Mariana, la ecónoma del Frente que cuenta con no más de 17 años de edad, visiblemente contrariada afirma que cuando ella ha estado en la ranchería madruga más y que a esa hora, casi las 6 de la mañana, ya estaría listo el desayuno. 


Los fusiles siguen descansando en los rincones del improvisado rancho donde pasaron la noche. Por este día no están en campamento, si estuvieran en Campamento sería otra cosa, la disciplina es otra, hoy por lo menos el sueñito de la noche fue un poco más largo, a decir de ellos “en el campamento no podrían echarse un sueñito extra y ya estarían, como mínimo, estudiando”. 


Erly, el encargado de las comunicaciones, hace improvisados cableados por entre las ramas de un árbol para activar el radio. Algunos guerrilleros se dedican simplemente a conversar de manera tranquila. Alguno intenta una llamada por celular. Otros, aunque saben que sus armas ya no “tronarán de nuevo”, hace casi dos años ya no son disparadas, sacan tiempo para hacerles mantenimiento, limpiarlas, mimarlas, después de todo han sido su compañía de camino durante mucho años, su seguro de vida a la hora de un combate, se preparan para decirles adiós, pues ya se hicieron a la idea de que serán fundidas para hacer sendos monumentos a la paz con los cuales se fijará para la memoria histórica de una guerra que no debió ser ni existir.

Bordean las ocho de la mañana y llegan dos guerrilleros con un zaino o, manao  como lo denominan algunos campesinos de la zona (un cerdo de cuello blanco parecido al tatabro), recién cazado. Han solucionado la carne para el almuerzo. Emocionados comentan que “Remanga”, uno de los dos guerrilleros que lo traen, lo logró matar con un tiro de pistola. Desde donde continúa intentando encontrar señal para las comunicaciones del Frente, Erly les grita que si estuvieran en la ciudad, mínimo les darían 10 años  por matar el animalito.

Todo movimiento no agendado es consultado con el comandante a cargo de la misión: en la tarde una joven guerrillera, pide permiso al comandante Jimmy para ir al río  y bañarse un rato, también le pide que ponga en lista de compras algunas cosas personales. Todas las provisiones, incluso las cosas personales de cada guerrillero deben ponerse en la lista, ningún guerrillero maneja plata, todo se les entrega según lista de pedidos. 

Carlos, otro combatiente, pide al comandante permiso para ir a visitar un hermano que vive en una vereda cercana, aprovechando que se quedarán por esa noche en este punto de encuentro. El comandante Jimmy lo autoriza a apartarse del grupo, pero le ordena que se vaya acompañado de alguien y que regresen antes de las 6 de la mañana del siguiente día. 

Algunos combatientes aprovechan para caminar con sus mascotas, aquí están con ellas, perros criollos en su mayoría, con los cuales se tejen otras anécdotas de la guerra, por ejemplo, la anécdota de cómo Guerrero, fiel guardián de uno de los combatientes del Frente, salvó a su amo en pleno enfrentamiento con el ejército, lo sacó del campo de batalla cuando éste cayó herido con tres balazos en el cuerpo, lo arrastró hasta ponerlo a cubierto en un matorral lejos de las balas y de los ojos del enemigo.

 
Un par de guerrilleros descansan en una hamaca hasta que con las primeras sombras de la noche son llamados a formar. A la orden de formación, todos corren a buscar las armas que han estado abandonadas para presentarse ante sus comandantes. Ya en formación se les distribuirán tareas de vigilancia por turnos de una hora cada uno y se les hace una lista de tareas para el siguiente día. 


Gracias a que en el lugar hay una planta eléctrica tendrán luz hasta eso de las 9 de la noche. Después de la comida, todos se congregan cerca de los bombillos para escapar al acoso de los mosquitos que hacen de las suyas en las sombras. También tienen tiempo para jugar dominó y hasta ver varios videos sobre el proceso de paz. En todo caso, hay vientos de tranquilidad, no están en función de guerra, esperando el encuentro definitivo con la paz.



Mariana, la ecónoma del Frente.

Mariana, tiene 17 años “a punto de cumplir los 18” aclara con énfasis tranquilo; delgada y de tez trigueña, cabello negro largo y lacio, recogido en una cola de caballo, de facciones mestizas muy propias de las mujeres de la región;  es la ecónoma del Frente 34 de las FARC, ahora tiene tiempo de poner al sol de la tarde, una docena de tomates que se le han humedecido, para que no se pudran, mientras su fusil permanece en silencio sobre una banca de madera. De allí se levanta para indicar al “ranchero”, un joven un poco mayor que ella, donde están los insumos con que éste ha de elaborar la comida. 

En la mañana siguiente me encuentro con Mariana, en la orilla del río. Lava algunos trastes. Me cuenta que ingresó a los 15 años a la guerrilla, desde los 12 años quería ingresar pero no la aceptaban, una vez cumplió los 15 se voló de la casa, dejó a sus padres con el ponqué y la fiesta de celebración para su cumpleaños preparados. Su padre durante muchos días persiguió un novio que ella tenía, pues estaba seguro que éste se la había llevado a vivir con él y la tenía escondida, hasta que ella les mandó una boleta para avisarles que no la esperaran pues se había enguerrillerado.  

Desde pequeña vio la guerrilla en su entorno, ésta era la autoridad a lo largo y ancho de Bajirá, municipio de donde ella proviene. La guerrilla es posibilidad de cambio, allí encontró un grupo, una nueva familia. Le pregunto por su novio en Bajirá, si  no lo quería, por qué dejarlo y meterse a la guerrilla, y ella responde de manera espontánea y rápida “es que ese me las había hecho, cada rato por ahí bebiendo y paseándose con las putas”. Entonces le indago si se metió a las FARC por despecho, y me recuerda que me ha dicho que desde los 12 años; que mucho antes de tener novio, ella ya quería meterse a guerrillera. 

En su tiempo como combatiente lo más duro para ella, además del temor a morir en los combates –aunque ya no le tocaron mucho por lo del proceso de paz en la Habana-, son las caminatas con los pesos del fusil y los morrales con víveres y sus cosas personales a sus espaldas. Una vez cargaba una pistola, no cargaba fusil, pero sí el morral con víveres, sus cosas personales y ese día también llevaba los accesorios del radio de comunicaciones; y atravesando un río, se creció la corriente y la mula en que montaba la botó al agua con toda su carga, estuvo a punto de ahogarse, como pudo se liberó de su carga y salió a flote, perdió los aparatos de comunicaciones y lo más grave: la pistola 38, perder un arma en el Frente es un crimen castigable. Para ella fue un gran alivio no sólo salvar su vida, sino saber que no habría sanción por la pérdida del arma, pues a decir del comandante Jimmy, era mejor que se perdieran esas maricadas y no la vida de un combatiente.

Para Mariana estar sancionado genera cierta vergüenza ante los compañeros de combate, no es que sea duro el castigo, es cosa de peso moral y social, ella ya ha sido sancionada en una ocasión por dejar dañar una carne, ocho días cocinando para todos en el Frente fue el castigo, ocho días en la ranchería. Es que en la guerrilla hay sanción para todo, me comentará después otro combatiente: “hasta por dejar quemar un arroz nos sancionan, claro que ahora no tanto, como antes de los diálogos, cuando todo era más estricto, por ejemplo, en las noches para desplazarnos de un lado a otro, así sea para orinar, nos orientábamos con cuerdas amarradas entre los árboles, nos vamos por toda la cuerda, porque si prendemos una luz nos sancionan, pues se corría el peligro de alertar al enemigo sobre nuestra ubicación”.

Volviendo con Mariana: Ahora, tiene un novio en la guerrilla, desde hace dos diciembres que es su forma de contar el tiempo, unos meses después de su ingreso al Frente, “Erly, es el nombre de combate de él”, me cuenta mientras concluye su tarea y amontona los trastes en que muy seguramente servirán el desayuno.
Qué harás cuando la guerra termine, cuando todo esto del proceso de paz concluya, le indago, y ella responde con seguridad y esperanza “volver con mi mamá, con mis padres y compartir, compartir mucho tiempo, volver con ellos a compartir”.

Próxima entrega: La dura historia de Erly, el novio de Mariana. Las jornadas pedagógicas de paz entre las FARC. El ingreso del comandante Jimmy a la guerrilla y su visión de lo que será el accionar político de las FARC y; los acuerdos entre las FARC, el gobierno nacional y departamental, la comunidad internacional y las comunidades del norte del Chocó donde quedará una zona de concentración y desarme de las FARC. Y, “En mi casa también todos votan por el sí, si mi mujer no vota por el sí se va de la casa, pues es que no me quiere, acaso quien es sino este pecho el que sale todas las madrugadas a rebuscarse la comida aguantando retenes y peligros por la violencia…”

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